Desconocimiento como defensa (nadie sabe nada y mucho menos los que están al lado o duermen con ellos)

En España está pasando algo curioso e inexplicable, existe unanimidad. Todos los “investigados o no, pero muy próximos” coinciden en algo sorprendente (casi extraordinario). Todos declaran por activa y por pasiva, que ellos no sabían nada de nada. Da igual, que fueran socios de negocios, matrimonios, compañeros de trabajo, superiores o inferiores, etc., lo destacable es que no se enteraban de nada. Los casos del conocimiento de todos: ERES de Andalucía, Noos, Tarjetas de Caja Madrid, Operación Púnica, quiebras fraudulentas, trucaje medioambiental de motores, ruina consciente de Cajas de Ahorros, Bárcenas, papeles de Panamá, etc. etc., se pueden unificar en una sola afirmación coincidente, nadie sabía nada. Además, que lo que más extrañeza produce, es que los implicados (directamente o indirectamente), es decir, todos los aludidos de una u otra forma, es que se trata de personas muy formadas y extraordinariamente informadas, pero a pesar de ello no se enteraban de nada.

Debe quedar muy claro, que soy de los que piensan y están convencidos, que en una estrategia de defensa los “investigados”, pueden decir lo que quieran, callarse, mentir, guardar silencio y lo que sea en aras de su defensa, ya que siempre es deseable que se escapen todos los culpables a que un inocente sea condenado. Sin embargo, tanta coincidencia en las defensas causa estupor e indignación en los españoles de a pié y ello lleva al crecimiento de partidos populistas y al descreimiento en la justicia, llegándose a confundir derecho de defensa con impunidad e injusticia y a la creencia generalizada de que todo vale para unos pocos y en perjuicio de la gran mayoría, cada vez más exprimida y desigual.

En estos días, por otro lado, se han hechos publicas noticias alarmantes, así: Que la clase media en España se ha reducido en estos años en tres millones o más de personas, que la deuda pública ha superado al PIB y las generaciones futuras tendrán de pagar intereses superiores a 40.000 millones anuales por la deuda, que la seguridad social está en crisis económica y las pensiones peligran, que el desempleo se estanca, que la UE exige mayores recortes, que el déficit público sigue al alza, que la desigualdad entre españoles aumenta, etc.; y, para colmo del hartazgo de los españoles tendremos otras elecciones con el mismo sistema perverso y autodestructivo.

Con independencia de todo lo dicho, la Constitución proclama (art. 14): “Que los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Sin embargo, como decía hace unos días, los efectos de las descomprensiones existentes en nuestro País y que nadie quiere arreglar ni solucionar, pesan como una losa sobre los españoles llevándolos a la sinrazón y a un  “cabreo” generalizado, que engendra resultados catastróficos para ellos mismos, lo quieran o no. En las próximas elecciones generales, después de un espectáculo muy lamentable de todos los partidos electos, nadie puede estar seguro de su voto (suponiendo que se vote), ya que primero hay que decidirse por un partido desconocido en su contenido y en sus políticas, tanto antes como después de las elecciones, y, a continuación, nadie sabe qué hará el partido votado con su voto. Todos los españoles (que votan), se mire como se mire, no saben a quién o a que votan, y, ni se pueden imaginar el destino final de sus votos.

Por todo lo dicho, el problema de los españoles en las próximas elecciones es un salto al vacío, parecido a la amnesia colectiva y al no saber nada de nada de los llamados a declarar como investigados, pero con una diferencia profunda y desigual, porque la mayoría de los españoles pagan como siempre, deseando saber a dónde irá su voto, cuando los del no recuerdo, no sabía y quien lo podía imaginar, siempre, se quiera creer o no, saben dónde están en todos los sentidos y dónde está su dinero, aunque sea, por ejemplo en Panamá.

Nota: “Seguimos en un agujero negro, cuyo contenido no se verá nunca, si no cambiamos de raíz el paso”.

Córdoba, a 9 de mayo de 2016.

Fdo. Enrique García Montoya.

Abogado ICA-Córdoba. Inspector de Trabajo y S. S.